Te voy a ser muy sincero: como profe, a veces da nervios. Estás en medio de una actividad, los niños tienen los juegos de mesa afuera, hay risas, hay movimiento y, de repente, ves pasar al director o a un padre de familia por la ventana del salón. El primer instinto es sentir que "te van a juzgar" o que van a pensar que no estás dando clase.
Pero hay que lidiar con ese "qué dirán" con la seguridad de que el juego sí funciona. El juego es el lenguaje natural de los niños en 1º y 2º grado. No es perder el tiempo; es crear una experiencia donde el aprendizaje se queda grabado porque hubo emoción.
El equilibrio: Juego con sentido
Ojo, no se trata de jugar por jugar. Así como buscamos un equilibrio entre la memoria y la comprensión, en el juego también debe haber balance. El juego en el aula no es un desorden sin rumbo; el juego tiene reglas, tiene orden y tiene un objetivo.
Para que sea pedagógico, el juego debe tener sentido tanto para el maestro como para el niño. Cuando el alumno juega con un propósito —ya sea para ganar una partida de dados (matemáticas) o para seguir las instrucciones de un juego de roles (lenguaje)—, el aprendizaje trae satisfacción e interés. No es un recreo largo; es una clase donde la diversión es el vehículo del conocimiento.
Paciencia con el desorden (y el regreso a la paz)
Es cierto, lidiar con el desorden es complicado. A veces, después de una actividad lúdica, el salón queda "hecho trizas". Pero parte del aprendizaje también está ahí. Como docentes, necesitamos tener la paciencia para ver ese caos momentáneo, sabiendo que después viene el proceso de ordenar y acomodar.
Aprender a regresar juntos a un "estado de paz" y de orden después de la adrenalina del juego es una lección de vida y de convivencia que ninguna plana de cuaderno les va a enseñar.
¿Cómo llevar el juego a tu salón hoy mismo?
Juegos de mesa didácticos: No les tengas miedo. Una partida de lotería de palabras o de dominó de números moviliza más neuronas que repetir lo mismo en el pizarrón.
Juego de roles con reglas claras: La "tiendita" o el "hospital" funcionan porque hay turnos que respetar y metas que cumplir. Eso es disciplina disfrazada de diversión.
El momento del orden: Convierte el recoger los materiales en parte del juego. Quien organiza mejor su estación también está aprendiendo sobre responsabilidad y comunidad.
🚀 Tu planeación no tiene por qué ser un juego de azar
Planear actividades que sean realmente vivenciales y que generen aprendizaje a través del juego es difícil. No se trata solo de que "pasen un buen rato", sino de que se cumplan los objetivos del programa.
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¡Atrévete a jugar y haz que tu salón sea el lugar donde todos quieren estar!
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