Sin embargo, he aprendido algo fundamental: si queremos autonomía, tenemos que aguantarnos las ansias de intervenir.
El valor de "hacerse bolas"
A veces es difícil no dar la instrucción "masticadita". Queremos evitarles el error, pero el error es justo donde aprenden a dialogar. Me ha pasado que quiero meterme y resolverles el problema, pero si no les permitimos ese tiempo —aunque nos parezca largo— no florece esa capacidad de organizarse.
Recuerdo una vez con mis alumnos más grandes; tuve que salir del salón un par de minutos y, al regresar, me quedé frío: ya se habían organizado solos. Me sorprendió muchísimo porque sí saben hacerlo, sí saben entablar diálogos efectivos, pero necesitan que tengamos la paciencia de dejarlos ser. En la Fase 4 estamos sembrando esa semilla que en sexto te va a dar la satisfacción de ver un grupo que camina solo.
Estrategias para un "Caos Estructurado"
Para que no sientas que el salón se te va de las manos, te sugiero usar estos "andamios" que les dan orden sin quitarles la libertad:
El Muro de los Acuerdos: Antes de empezar, definan qué se espera. Si ellos proponen los pasos, se sienten dueños del proceso y la discusión tiene un rumbo claro.
Bitácoras de Autogestión: Que cada equipo anote en qué se quedó. Esto reduce esa dependencia de estarte preguntando "¿Profe, qué sigue?" cada cinco minutos.
El Semáforo de la Paciencia: Si el ruido sube demasiado, usa una señal visual. No se trata de callarlos, sino de regular el volumen para que el diálogo siga siendo productivo.
🚀 Tu autonomía también importa (y tu paz mental)
Hacer que los niños se organicen es un reto, y planear actividades que fomenten esto sin que tú te rompas la cabeza es otro. A veces nos desgastamos tratando de inventar cómo estructurar un proyecto que no termine en desorden total.
Yo he usado
¡Atrévete a soltar un poco el control y sorpréndete con lo que tus alumnos pueden lograr!
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